México llega con la delegación más grande en tres décadas, avances en su organización deportiva y pocas expectativas
La historia del deporte mexicano es cíclica cada cuatro años: Alguien con dotes intrépidos decide abrazar un sueño que parecía imposible y consigue el pase a los Juegos Olímpicos de Invierno. La narrativa del 2026 es similar, salvo en el caso de Donovan Carrillo.
Este año México participa por undécima ocasión (la primera fue en 1928) y compite en tres disciplinas y con cinco representantes: Patinaje Artístico, Esquí de Fondo y Esquí Alpino.
Los protagonistas son la doctora Regina Martínez, quien abrazó su sueño a partir de los ahorros y es la primera mujer nacional que participa en el esquí de fondo; un mexicano que vive en Noruega llamado Allan Corona; la veterana Sarah Schleper que hace un tiempo dejó de esquiar por Estados Unidos y va por sus séptimos Juegos (el récord de participaciones es ocho). Junto a su hijo Lasse Gaxiola representan la primera dupla madre-hijo que representan a México.
Todos tienen mérito en un país donde se reitera el mismo cuento: No existe tradición invernal. La otra parte de esa premisa es que a México, además de la tradición, le hace falta dinero, un sistema de trabajo y una pizca de voluntad entre sus dirigentes para llevar más de cinco participantes.
En este ciclo, México fundó sus federaciones nacionales de Curling y Biatlón, el Hockey sobre Hielo tiene representativos, de hombres y mujeres, desde categorías con límite de edad y una liga local, mientras la Federación de Patinaje oferta programas de desarrollo con niños y jóvenes que viajan por el mundo.
Hoy México tiene más organización que hace 20 años en el deporte invernal, pero casi todo sustentado en los recursos de los deportistas, sus amigos o sus familiares porque en esta parte del olimpismo las reglas de apoyos de CONADE están hechas para dar casi nada. “Es un triunfo estar en Juegos Olímpicos”, admitió Marijose Alcalá, presidenta del Comité Olímpico Mexicano (COM), tras el abanderamiento de delegación nacional a manos, por primera vez en la historia, de la Presidenta del país, Claudia Sheinbaum.
Donovan, la máxima esperanza
Bajo este panorama, la expectativa se limita a la esperanza de terminar sus respectivas competencias, salvo Donovan Carrillo, considerado el mejor patinador latinoamericano y quien participa en sus segundos Juegos Olímpicos.
Hace cuatro años, Donovan regresó a México a un escenario en el que no tenía representante en tres décadas y terminó en la posición 22; para este ciclo ha tenido un apoyo de Solidaridad Olímpica (una beca superior a los mil dólares mensuales) que le permitió hacer una planificación más detallada y enfocada en ejecutar una rutina limpia que lo lleve a la final.
“Pasó varios meses en Canadá, lo van a acompañar sus dos entrenadores en Juegos Olímpicos. Es un joven magnífico, lo vamos a ver muy bien en Juegos Olímpicos de Invierno”, confió Alcalá, la responsable de gestionar el apoyo del COI. Donovan fue el primer mexicano en avanzar a la final del programa largo y para los Juegos 2026 fue abanderado nacional.
Regina y Allan, el debut
Regina Martínez y Allan Corona compiten en sus primeros Juegos Olímpicos de Invierno en la prueba que se considera el maratón sobre nieve, su expectativa es terminar la competencia y ella buscará en el próximo ciclo olímpico, mejorar sus posiciones de manera gradual.
“Quiero estar en el top 10, pero esa meta la tengo para el Mundial de 2027”, dijo Martínez.
Sarah y Lasse, una historia familiar
Sarah Schleper, de 46 años, vivirá en la montaña italiana su séptima participación olímpica, una cifra que la convierte en la mujer con más presencias en este escenario. Inicialmente representó a Estados Unidos, su mejor resultado fue décima en el Slalom de Torino 2006 y se retiró en 2011, contrajo matrimonio con un mexicano y decidió volver a la competencia con una nueva bandera.
Con el uniforme mexicano ha competido en Pyeongchang 2018, Beijing 2022 y ahora Milan-Cortina 2026. Su mejor resultado sucedió hace cuatro años, cuando terminó 37 en Slalom y 35 en Super G. La meta para esta edición es estar en esos rangos.
Sarah también es parte del programa de Solidaridad Olímpica, lo que le permite tener algunos ingresos para planificar su programa de trabajo y es la abanderada de la delegación mexicana en Milan-Cortina 2026. Lasse, hijo de Sarah, está debutando en unos Juegos Olímpicos a sus 18 años, su meta es terminar las pruebas y adquirir experiencia para ser el líder mexicano en las próximas ediciones olímpicas.
México lleva a Italia a su delegación más grande en tres décadas, con dos integrantes experimentados y tres debutantes, y mientas ellos intentan culminar sus pruebas, en las reuniones hay otras misiones que pueden impulsar el desarrollo del deporte invernal en México.
“En Italia buscaremos hacer convenios de colaboración para capacitar a nuestros deportistas, necesitamos también buscar mexicanos en el exterior que puedan ayudarnos a seguir creciendo. Está creciendo el deporte de invierno, hay que ayudarlos a consolidarse”, finalizó Alcalá, consciente de que la base puede venir de mexicanos que viven fuera del país, pero algún día México tiene que intentar echar a andar un sistema que tenga más sustento que historias inspiracionales.